jueves, 2 de mayo de 2013



Hoy me voy a permitir el lujo de compartir un trocito del pasado. Salió de un mano a mano con mi querido Paco Cifuentes. Cuando pienso en los despreocupados años cero se me vienen a la mente la imagen de tantos que anduvimos divirtiéndonos entre los callejones orinados de una ciudad que se las prometía muy felices. Son demasiados nombres, así que he decidido no poner ninguno. Todos sabemos quienes somos. 


Los felices años cero
(R. Terán - P. Cifuentes)

Estaba Joaquín Sabina
recitando en una radio
una canción de otros días
un romance de extrarradio.

Bailaban sobre las mesas
los amigos del pasado
con un ritmo acompasado
entre la niebla densa
del humo de los cigarros,
los llantos por las esquinas
de los que están bien borrachos,
en fin, los que más se animan.

Exaltación de la amistad
a las puertas de lavabos.
Suenan brindis de cristal,
son rostros despreocupados.

Feliz principio de siglo
que ya se fue acabando.
Yo tenía veintitantos,
Madrid está de testigo.

Tan solo éramos gente
que no tenían pasado,
buscando un golpe de suerte
en esos años dorados.

Un constante mano a mano,
(bebíamos diariamente)
de tragos dulces y amargos.

Seguíamos la corriente
de los loquitos urbanos.

Éramos algo indecentes
pero siempre tan educados.

Benditos supervivientes.

Felices los años cero
tan golfos y noctámbulos,
tan abrazo sonámbulo
tan falsos, tan sinceros.

Los divertidos estragos
de lecturas resacosas,
La distancia entre las cosas
vistas de cabo a rabo.

Felices los años cero
de este siglo acelerado.

Sonaba Andrés Calamaro
Juan Perro, Morente y Bebo
en aquel bar olvidado
de lo alto de Las Vistillas,
donde el hombre enamorado
besó lunas de mentira.