jueves, 2 de mayo de 2013



Hoy me voy a permitir el lujo de compartir un trocito del pasado. Salió de un mano a mano con mi querido Paco Cifuentes. Cuando pienso en los despreocupados años cero se me vienen a la mente la imagen de tantos que anduvimos divirtiéndonos entre los callejones orinados de una ciudad que se las prometía muy felices. Son demasiados nombres, así que he decidido no poner ninguno. Todos sabemos quienes somos. 


Los felices años cero
(R. Terán - P. Cifuentes)

Estaba Joaquín Sabina
recitando en una radio
una canción de otros días
un romance de extrarradio.

Bailaban sobre las mesas
los amigos del pasado
con un ritmo acompasado
entre la niebla densa
del humo de los cigarros,
los llantos por las esquinas
de los que están bien borrachos,
en fin, los que más se animan.

Exaltación de la amistad
a las puertas de lavabos.
Suenan brindis de cristal,
son rostros despreocupados.

Feliz principio de siglo
que ya se fue acabando.
Yo tenía veintitantos,
Madrid está de testigo.

Tan solo éramos gente
que no tenían pasado,
buscando un golpe de suerte
en esos años dorados.

Un constante mano a mano,
(bebíamos diariamente)
de tragos dulces y amargos.

Seguíamos la corriente
de los loquitos urbanos.

Éramos algo indecentes
pero siempre tan educados.

Benditos supervivientes.

Felices los años cero
tan golfos y noctámbulos,
tan abrazo sonámbulo
tan falsos, tan sinceros.

Los divertidos estragos
de lecturas resacosas,
La distancia entre las cosas
vistas de cabo a rabo.

Felices los años cero
de este siglo acelerado.

Sonaba Andrés Calamaro
Juan Perro, Morente y Bebo
en aquel bar olvidado
de lo alto de Las Vistillas,
donde el hombre enamorado
besó lunas de mentira.



lunes, 11 de febrero de 2013

Un poco más


figura literaria
morbidez de tus formas
la que en arte transforma
las cositas diarias

domingo, 29 de abril de 2012

Entrada inédita fechada hace casi un año y medio


Ha sido un mes largo. Larguísimo como una vida. Triste. Y a pesar de todo, tan introspectivo. 


He aprendido del dolor, de un tipo que sólo afecta a quien percibe la ausencia. 
He tenido conversaciones a veces demasiado lánguidas, eso ya lo saben los cinco o seis amigos que leen estas líneas, pues ya con cada uno de vosotros esto ha pasado y así está bien.

Y en el fondo, sé que él siempre estuvo en cada letra, como una sombra alargada y oblicua a mí. Asoma ahora y lo hará siempre. No quiero reiterarme por ahí.

Prefiero contar otras cosas. Como que enero ha sido tan largo que me ha dado tiempo hasta de andar por el sur, pisando por la tierra mojada. He ido mezclando situaciones y sentimientos con una precipitación vertiginosa de días y lugares, de personas y rostros, de momentos más o menos melancólicos.

Leo a Saramago: La nada no es materia de contrabando.

Escribo a ratos sensaciones de algunos reencuentros con personas del pasado (fantasmas de carne y hueso, mis estimados, estáis todos muy bellos). Diez, quince años después he reintentado una vida que siempre supe que no era la mía. Por ejemplo, me he reencontrado con mi primer gran amor adolescente y esto fue lo que escribí de ella esa noche, cuando en el silencio de la casa de mis padres repasaba qué había dado de sí el día:

Tú, que provocaste mis primeros poemas (tan torpes, tan previsibles), contigo vuelvo tantos años después, nos tomamos un café en el barrio, en nuestro barrio, el que abandonamos ambos hace mucho. Pero antes yo había ido hasta tu puerta como hice tantas mañanas cuando iba a recogerte para hacer juntos el camino hasta el instituto. Nunca me regalaste un beso. Pero aceptabas cada poema, los guardabas cuidadosamente (aún hoy me confiesas que conservas todas “mis cosas” ¿qué querrá decir con “mis cosas”? me decía yo mientras hablabas) y sigues igual, el mismo pelo rubio rizado, los mismos ojos azules (aumentado ahora el desasosiego que causan por una inteligente línea de lápiz de ojos azul sólo en el párpado de arriba) la misma voz y las mismas expresiones.
Qué hermosos fueron aquellos años. Dejo claro que todo ello visto desde el aquí y el ahora.
Hablamos de mi padre y el tuyo cuando hablábamos del presente y también cuando hemos hablado del pasado. Es feliz en su matrimonio. Yo lo fui mientras duró el mío. Los dos hemos pasado gradualmente del elixir de ron al ron oscuro y luego al gintónico. Deben ser cosas del barrio, herencias abstractas de algo que ambos queremos creer que nos une. En ningún momento me has hablado del futuro ¿tú también te has dado cuenta?
Yo ando con una versión de mí en estado puro, es decir, como si mi nombre y mis apellidos estuvieran a flor de piel todo el tiempo. Tendré que relajar esto en algún momento. Por eso volver (el yo pasado por ciertos filtros y recordado con los viejos amigos se matiza es mucho menos dura esa realidad que la que uno barrunta, la que uno mastica sin digerir nunca las partes menos provechosas) volver al pasado, te decía, acompañado por ti no es lo mismo; mejora considerablemente a base de anécdotas que no sé por qué yo había olvidado.
Andábamos por el centro de Sevilla, con una lluvia menuda que lo empapaba todo. Y nosotros andábamos y hablábamos. El centro de Sevilla pasaba bajo nuestros pies y yo también pensaba en Madrid.

Lara Pound me espera en Madrid. Maneras de no estar. De allí me traje un fragmento de nada que por no atenerse a otra cosa que no sea su nadería no traficable salió sin puntos ni comas (ay, don José) y que no creo que le haga mal a este semblante de los últimos días, el retrato un poco roto y así de imperfecto:

ya me cansa toda esta conversación con respecto a todo de hecho en vez de colocar mi silla junto a esta otra silla y su ocupante en vez de colocarla donde siempre la pongo la he alzado al vuelo y en un movimiento controlado esquivando la zona abuhardillada sin rozarla siquiera hasta llegar del otro lado de la mesa el inaccesible el que pone tierra por medio y que sólo utilizo cuando quiero que el enfrentamiento sea suave sin demasiada acritud momentos para los que dejo la opción de permanecer de pie hacer otras cosas en la distancia
el gato y la tortuga se miran fijamente es decir parece que al cabo de un rato ya no se miran si no que intentar adivinar algo que se esconde detrás del otro o quizás quién sabe dentro de cada uno como si fuera una forma sutil de mirarse en un espejo y yo los miro a ellos mientras de fondo continua el monólogo lejano ése que sucede al otro lado de la mesa como si fuera la radio puesta olvidada en alguna habitación del otro lado de la casa
no importa yo te quiero así tal para peor con mi amor para lo imperfecto tan lleno de imperfecciones él mismo tan despreocupado para cualquier cosa que no sea uno porque tú no lo sabes pero lo que estás buscando es un espejo donde mirarte esa imagen reflexiva que yo te mando ahora como a mí me la mandan el gato y la tortuga que se miran cada uno reflejado en la imagen del otro
y por fin me animo un poco ya ves el problema suele venir de dentro y entonces me levanto con cualquier excusa a la vuelta cambio de sitio la silla me ubico por así decirlo donde debería haber empezado y entonces la empatía funciona y vuelve la conexión a mi cerebro y descubro que el espejo funciona también para mí y hablo pausado menos sarcástico que de costumbre y recuerdo que he hecho promesa de no volverme un ermitaño
de acuerdo
son tiempos raros los que estamos viviendo y siento que me estoy preparando para iniciar viaje algo así como tenerlo todo recogido y medianamente preparado para hacer lo que tienes que hacer lo que llevas evitando hace algún tiempo dar el salto aquello del pecho descubierto y enfrentarte a la vida y ahora que te lo cuento que te digo cómo va empezar todo lo que me hace sentir algo bueno dentro y tú me sonríes y ha desaparecido toda melancolía en tu cara y ahora me vives con lo que te cuento y con lo que tú por cuenta propia imaginas y yo entonces te pongo un tango el más triste que encuentro uno de carlos gardel cuyo título me guardo una especie de terapia de choque con ciertos peligros pero que al final termina resultando y hubiera sido una buena noche para emborracharse pero yo ya sólo lo hago con ciertos amigos y mis hermanos es una pena pero en estos momentos eso es así y de todas formas tú estás más animada pero no tanto y en realidad no te apetece y yo lo comparto
me he quedado solo pero sigo escuchando a gardel que suena con ruido de fondo como de vinilo maravillas del siglo XXI que lo digital imite tan bien lo analógico y carlos con su cadencia y el agradable ruido de fondo y dice que la noche que me quieras y a la siguiente por una cabeza y luego adiós muchachos y entonces yo me acuerdo de luis cernuda y entonces me pongo más triste si cabe mi querido luis qué ha pasado el insigne nombre del mejor poeta que lucía espléndido en el frontal del instituto de enseñanza secundaria aquellos años importantes de tu vida ahora cambiados los rótulos más modernos en plástico verde y blanco con el nuevo nombre luciendo como si fuera motivo de orgullo salvador távora dicen que se llama ahora lo mejorcito de esta andalucía de capirotes y feriantes lo único que se le ocurre destacar subvencionar el caballo la cruz el geranio tomados por el lado resabido ya mustio de ser tan usado esa andalucía a la que no quiero volver porque sabes que no tiene futuro más allá del asunto bajo cuerda o del desprecio de todo lo que viene de fuera y me pregunto constantemente por qué pienso tanto en sevilla existiendo cádiz y descubro que realmente me preocupa
en sevilla he estado y volveré pronto porque marca mi retorno y ella con indiferencia me vio volver y eso está bien porque ha desaparecido la agresividad de otros tiempos además allí he visto a los amigos que ya no veo en madrid y es cierto que llovía hasta el punto de confundirla con macondo o con una selva tropical pero de repente hizo sol y eso también es sevilla
qué buena noche hubiera sido esta para empuñar la botella de ginebra rodeado de amigos creado el ambiente satisfactorio para este tipo de encuentros bien cargado de humo el ambiente el tabaco impregnando todos los rincones la música un poco alta la conversación lánguida o viva eso no importa el hielo deshaciéndose en las copas anchas
las mismas palabras no quieren decir lo mismo depende de qué boca salgan qué manos emplean cada letra cómo se empuña cada frase hacia dónde deja caer cada uno el acento la pausa el exceso de esdrújulas o monosílabos todo eso que marca el recorrido habitual de los temas comunes o los más escabrosos la disidencia en casa o peor en la propia mente.

Y ahí terminó Madrid. Pero Sevilla me deja más personas claves y hechos concretos en estos días que no quiero dejar de nombrar:

Mis visitas a uno de los mejores conversadores que conozco, Ignacio, el peluquero del barrio. Me gustaría señalar aquí que estas visitas continuas al peluquero por parte de un calvo es, forzosamente, una cuestión con visos filosóficos.

Leo, alguien escribe (probablemente sigo con Saramago), que deberíamos vivir como si fuéramos supervivientes.

Y después está Paco el camarero, cinturón roto de taekwondo (que según él me cuenta es más que cinturón negro).

Releo lo escrito hasta el momento. Otro pensamiento al aire:

La verdad
no tengo claro si leerse uno mismo
no viene a ser como una pérdida de tiempo.

Acabo de llegar de la calle
la niebla está tan espesa como yo.

Tabaco, leche, pan,
cubiertas las necesidades básicas
regreso
y vuelvo a estas palabras
reiteración continua de la primera persona
y sus usos reflexivos.

Mi contrapunto ha estado en la música. He repasado las canciones de Lole y Manuel (asociación mental con los gustos de mi padre) con nuevos oídos, como tirando de una raíz profunda que vivía ahí debajo alimentándose de olvido.


A ratos también releo con gusto El extranjero
No sé si es la lectura más adecuada en estos días en los que tengo que hacer un esfuerzo brutal para que todo no lleve al mismo sitio vacío, pero no importa (nunca ha importado), yo leo fragmentos al azar y recuerdo aquel año en el instituto Luis Cernuda en el que L'ètranger fue lectura obligatoria y yo me quedé prendado hasta hoy. ¿Leerán los chavales a Camus pese a que el centro se llame “Salvador Távora”? ¿Y a Cernuda? ¿Lo leerán? Por mí que no quede, dejo aquí un poema de mi estimado Luis: 


Sombra hecha de luz, 

que templando repele, 

es fuego con nieve 

el andaluz. 


Enigma al trasluz, 

pues va entre gente solo, 

es amor con odio 

el andaluz. 


Oh hermano mío, tú. 

Dios, que te crea, 

será quién comprenda 

al andaluz.


(...)
Madrid-Sevilla-El Bosque-Madrid.

martes, 13 de marzo de 2012

Introducción al estraperlo (o de cómo desde el concepto "yo" se prepara al lector para otra cosa que vendrá más adelante)



Ocuparse y desocuparse. Ir y venir y no haberte movido del mismito sitio. Escuchar sin prestar atención a lo que haces. Hacer sin oír lo que suena. Llegar tarde y conseguir embarcarte a bordo del Titanic. Como dijo el otro: seamos amigos, que para enemigos ya hay un montón de gente corriente.

A todo esto. Sin noticias de mi Archienemigo. ¿Me habré equivocado nombrando a alguien tan pequeño para un puesto tan grande? Si ha habido movimientos estratégicos tengo que reconocer que han sido tan sutiles que me han pasado inadvertidos. Habrá que seguir en guardia por si le da por asomar la patita.

Yo ando un poco revolucionado (sí, yo y yo y más yo, qué le vamos a hacer, para hablar de otros ya hay otros que solamente hablan de otros) ando revolucionado, decía, porque todo me afecta, pero no tanto, y parece que las cosas van a reventar de un momento a otro, pero al final no. Asisto a manifestaciones, opino sobre la monarquía y los beneficios de su ausencia, en fin, practico nuestro gran deporte nacional. Blablabla. Y más hacia dentro. Salgo, entro, hablo sin parar con desconocidos encantadores. Me prometo estar más atento a mis circunstancias y contabilidades. Blablabla.

Es curioso que mientras todo se tambalea y mi entorno se mueve, se muda, cambia, pasa por fases (unas más alegres que otra) yo sigo impertérrito desde hace un tiempo y nada más consigo fijarme en dos o tres temas que me parecen importantes. El resto es como leer una novela. Creo que mis temas no coinciden con los Grandes Temas Universales, que cada vez me interesan menos, la verdad, si no es para echar mano de algún recurso literario o algún giro interesado en conversaciones extravagantes.

He dado sin querer, como suceden muchas de las cosas importantes en la vida, con la Asociación de Madrileños Ateos y Librepensadores. Voy a empezar a husmear un poco cómo llevan el asunto y ya os iré contando. De momento ya es algo. Y desde donde me ha llegado la onda me da esperanzas sobre la seriedad de semejante contubernio. Son los que organizan las apostasías multitudinarias y las procesiones ateas de Lavapiés. Je.

Contubernios. Ahora sí somos anarkoburgueses. Y, además, vivimos en pleno estraperlo.

jueves, 2 de febrero de 2012

La llave


Se ha roto la llave del viento. Simplemente cayó. Yo hice un giro desafortunado y golpeé la llave. En buena medida no ha sido tan grave porque parece que los trozos son grandes y coinciden unos con otros. Pienso en el día en que Elemayúsculapunto me la regaló. Tiene magia, dijo. La pregunta es si lograré pegar los fragmentos con tanto tino como para que vuelvan los tiempos en los que podía controlar la intensidad del viento.

jueves, 19 de enero de 2012

Miscelánea


Recuerdo haber visitado alguna vez, cuando era niño, a un tío segundo que guardaba cantidades ingentes de productos de primera necesidad en una alacena torpemente construida en un rincón de la cocina. Eran los años de la Guerra Fría y una corriente de desesperanza recorría el mundo.

Hoy en día tengo varios amigos que me recomiendan que haga lo mismo, que siga unas directrices que, según ellos, marca Protección Civil, que consisten en una respuesta a posibles tormentas solares. En realidad no han cambiado tanto los tiempos.

No digo que no vaya a pasar. Simplemente opino que anticipar a bombo y platillo este tipo de cosas entra más en el mundo de la predicción adivinatoria que en la esencia humana de ir viviendo el presente.

Viviendo mi presente por fin tengo entre mis manos el libro que llevo esperando un montón de tiempo. He recuperado (¿dónde quedó aquella otra edición?) La Realidad y el Deseo de mi admirado Luis Cernuda. Creo que jamás cejaré en mi empeño de no olvidar nunca sus versos, los que me lanzaron al abismo poético cuando era un adolescente y que hoy me conmueven como el primer día.


Scherzo para un elfo

Delicada criatura:

No deseo a mi voz

Que turbe el embeleso

Amarillo del bosque,

Tu elemento nativo

Por los troncos oscuros

Sustentado hasta el cielo.


Yo quisiera, por este

Atardecer translúcido,

Denso tal un racimo,

Trazarte huella o forma,

Pulsando ramas, hojas,

Tú con el viento en duda.


Difuso aroma, vagas

Con paso gris de sueño,

Te pierdes en la niebla

Que exhala el estanque,

Pensamiento gracioso

De un dios enamorado.


Inspiras todo el aire,

Bajo tu magia abre,

Como una flor, tan libre,

El deseo del hombre

Con un alto reposo

Que alivia de la vida.


Siempre incierta, tal eco

De algún labio, a lo lejos

Entre aliso y aliso

De nórdica blancura,

Vibra tu esbelta música

Y en un fuego suspira.


¿Acaso el amor pesa

A tu cuerpo invisible,

Y sus burlas oscuras

Sobre el mundo recuerdan

En ti, anhelo eterno,

A nosotros efímeros?


Sonríe, dime, canta,

Si eres tú ese arrebato

Que lleva hojas ardientes,

Dejos de tu guirnalda,

Con pasión insaciable

A realizarse en muerte.


¿Mueres tú también, mueres

Como lo hermoso humano,

Hijo sutil del bosque?

Te aquietas por el musgo,

Callas entre la niebla,

Alguna nube esculpe,

Iris de leve nácar,

Tu hastío de los días.


Aún creo ver tus ojos,

Su malicia serena,

Tras las desnudas cimas,

Por el aire, profundo

Y ya fríos, con la noche

Que imperiosa se alza.


O aquel poema, quizás el segundo leído de Cernuda, Donde habite el olvido; o ese otro que el Cantante musicó por aquella fechas y que empezaba diciendo: “Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman”, el principio de este verso es el título del poema. Luis Cernuda es mi pasado. Y, desde luego, vuelve a ser mi presente.

Dice Luis García Montero: “Así la realidad/ sin puntos y sin comas/ hecha piel y mezclada/ por el tiempo en el fondo de los ojos…”. Qué grande. Y Ángel González dice: “La lágrima fue dicha./ Olvidemos / el llanto/ y empecemos de nuevo,/ con paciencia,/ observando las cosas/ hasta hallar la menuda diferencia/ que las separa/ de su entidad de ayer/ y que define/ el transcurso del tiempo y su eficacia.” Dan ganas de dejar de escribir poemas y leer, leer, leer…

Es curioso que ahora que parece que Huésped por fin se acerca a la imprenta, yo me siento un poco alejado de mis propios poemas, como si hubieran sido escritos por otra persona que se parece a mí en otros momentos que se parecen sospechosamente a estos años atrás. Supongo que esto forma parte de tener 34 años y publicar un primer libro de poemas en solitario. No es que me parezcan mal, o desubicados en su espacio. Me parecen lejanos. Bueno, es una sensación de estos días que tampoco, creo, debe preocuparme mucho. Pero aquí dejo constancia de ello por si al leer estas líneas dentro de un tiempo opino diferente.


miércoles, 18 de enero de 2012

La cuerda de mi


Para M.

Hay un violín, uno entre la multitud, que se deshace en sonidos; busca melodías cuando lo estima oportuno, sobresale entre el murmullo incesante de la vida que va tan rápida que casi no da tiempo a garabatear su boceto en un pentagrama al que, por tramos, le falta una línea.

Puede ser todo tan fácil.

La comunicación que sigue los caminos correctos, no tener pasado, no pensar en el futuro. El presente es más ancho que alto y esto da cierta ventaja a los seres que posean ojos que sepan mirar con un ángulo de trescientos sesenta grados. También tienen ventaja las mentes sensibles, los dedos ágiles y las palabras claras.

Puede ser todo tan difícil.

Como buscar el sonido correcto en la cuerda de mi. Como comprender las excepciones del leísmo. El trabajo que da buscar cada uno un lugar en el mundo. El contacto de un cuerpo en noches heladas como esta. La paciencia. No caer en el caos interno.

Es de agradecer estar vivo. Una biografía no deja de ser la enumeración de los desafíos frente a los asuntos difíciles y, sobre todo, frente a los fáciles.



jueves, 5 de enero de 2012

sin arreglo


Alguna vez,
en el pasado,
me pregunté
qué haría yo sin ella
en mi mundo.

En estos días
encuentro la respuesta.

Ausencia
eres hoy.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Estoy en pleno proceso. Voy retomando mi vida, haciendo pequeños montones formados con los descartes de otros tiempos que ahora se me antojan felices. Hay veces que uno sobrevive. Son fechas complicadas estas.

Es una sorpresa que no me molesten ni los puestos de bromas y pelucas que han endiñado a la plaza ni el gentío que los recorre. Más bien al contrario. Tengo que reconocer que me gusta mirar las caras nerviosas de los niños que circulan en carros torpemente conducidos por adultos con pelucas estridentes. Es divertido y creo que es una tradición benigna.

Por otro lado he vuelto a acercarme a mis horarios naturales. Hay que moderar ciertas costumbres insanas e intentar volver a despertar sin ese sabor a tristeza en la boca. No es que sea malo, también hay que indagar en las sensaciones oscuras. El problema es que si paso demasiado tiempo en ese bucle sé que corro el riesgo de convertirme en un ser triste. Supongo que también de eso se aprende.

Os voy a contar algo: hoy me he despertado y me inundaba la ira. Soñaba que le daba una paliza a alguien cuya imagen ni siquiera reconozco. Yo debí recibir también algún golpe, porque me sangraba el labio. Tanta furia y violencia (aunque fuera en sueños) me deja preocupado. No es así como debe vivir uno. Imagino que Freud tendría algo que decir al respecto.

Tengo que hacer un gran esfuerzo para concentrarme. Hay que trabajar. Debo leer. Escribir. Dejar que la realidad ocupe el espacio correcto. Recuperar las ganas de pasármelo bien. Menuda travesía.

Después de tantos días fuera de casa lo primero es poner un poco de orden. Revisar los mensajes, aunque no los conteste. Escuchar algo de las noticias en la radio. Es curioso que ahora que la derecha forma gobierno, yo estoy haciendo un repaso al periodo de la Segunda República. Lerroux, Azaña, Alcalá-Zamora… Es extraña la política. Lo era antes y lo es ahora. Respiro profundamente y pienso que queda una larga legislatura por delante.

La verdad es que releyendo y visto cómo lo planteo parece que todo esto da asco. Pero es curioso que uno se levanta todas las mañanas, y realiza toda una miríada de actos cotidianos, un esfuerzo brutal por situarse en la propia vida y opta por enfrentar el día.

Sé que no estamos acostumbrados a la sinceridad. Los que me quieren no deben preocuparse. En el fondo todo esto no tiene importancia, solo son unas líneas escritas sobre una reflexión puntual que hay que hacer de vez en cuando sobre la vida que se lleva. Es lo que hay en este momento. El que quiera modelos vitales envueltos en la nube de una sospechosa irrealidad debe acudir a Facebook, el lugar donde ya no somos nosotros, más bien nos convertimos en una proyección falsa y algo borrosa de cómo queremos que nos vean los que ni siquiera nos conocen.

Yo estoy en pleno proceso. Y que no pare. Las situaciones cambian, nada es eterno. Al final por mucho que uno quiera los derroteros son incalculables y no siempre se lleva la razón. De hecho, uno de las principales virtudes de esto que llaman vida es que te lleva y te trae sin preguntar, sin que le importe un carajo qué opinas al respecto. Y a veces uno pasa por trances inevitables.

No puedo evitar quedarme distraído y ausente cuando pienso en mi padre (es la primera fecha señalada desde que murió. El nueve de enero va a hacer un año). O cuando pienso en Lorna, tan llena de vitalidad hasta el último instante. Las ausencias que persisten. Al final a la vida no le importa lo que tú opines. Estos trances inevitables deberían hacerte consciente de que estás vivo. Volver a cogerle el gusto en el paladar a los bocados de existencia por contraposición.

Elemayúsculapunto me invita a pasar la Nochevieja en su casa. El Cantante hace lo propio y me dice que Huesca. Se suceden llamadas interrogativas. Qué vas a hacer. Qué plan. Qué me dices de. Y yo, en realidad, lo único que quiero es pasar ese día como otro cualquiera, sin más. Acostarme a la hora que me dé la gana y levantarme temprano para retomar por fin mis horarios matutinos, tan necesarios para mi orden interno.

También estoy pensando en retomar ciertas relaciones. Hace no mucho mencioné aquí mismo al cantautor sevillano Manuel Cuesta (un tipo de 35 años obsesionado con Spiderman) y este cometió el error de sentirse demasiado aludido por una opinión personal (debió equivocarse porque su respuesta no la publicó en la entrada correspondiente, si no en la del día dieciséis de noviembre). Él quiso “ponerme en mi sitio” y en ese instante reconocí que podía jugar un papel importante en mi vida. Lo nombré, respetuosamente, mi Archienemigo Predilecto, cargo que ostenta desde entonces y que hoy hago público para que se sepa y a nadie extrañe si hago continuas referencias al tipo en cuestión. El otro día me lo crucé por la calle Atocha (sí, al lado de mi casa, qué casualidad) y al pasar uno junto al otro no quiso mirarme a los ojos. Si no fuera por estos pequeños detalles, la vida sería aburridísima. Para quien no lo conozca, me han dicho que hay un video en youtube en el que sale disfrazado de cerdito rosa o algo parecido. No quise verlo porque hay cosas que uno debe obviar si quiere tomar en serio a un Archienemigo en condiciones. ¿Ves, Manuel, qué bien me haces? Ha sido nombrarte y me he animado de repente. Me gustaría que no se confundieran mis instintos agresivos-pasivos oníricos con la relación platónica que estoy creando con mi Archienemigo. No soy de los que van dando palos por la calle. Lo mío es un teclado y un archivo en Word. Le preparé un poema, pero todavía nos estamos conociendo y no quiero precipitar nuestro idilio. Hay más días que botellines de la Cruzcampo.

Estuve con mi Gran Amigo D.J. Charlamos mucho por las calles de Rochelambert. Me reprendió severamente porque yo le conté un encuentro que tuve con un tipo (la verdad es que no recuerdo el nombre) que había trabajado en el Ministerio de Igualdad y que, después de un recital, me corrigió en una conversación porque utilicé el masculino plural en vez de la misma palabra repetida una vez para cada género. Mi argumento era que interrumpe el normal desarrollo de una conversación, aparte de alguna vaga referencia a la corrección lingüística y una cita dicha de memoria de Javier Marías: Todo el que empiece diciendo “Amigos y amigas…” es que es un idiota. La cita no es, evidentemente, al pie de la letra. Si no fue esto, algo parecido dijo Marías. D.J. me hizo ver otra realidad y tengo que darle la razón. Hay que distanciarse de los que se disfrazan de políticamente incorrectos para defender sexismos anacrónicos y dañinos. Es cierto. Ahora lo veo claro. Pero curiosamente terminamos con este asunto llegando a la conclusión que el radical que interrumpe una conversación fluida anotando el femenino para cada masculino es un idiota.

Ya veis, yo haciendo amigos por todas partes. Pero al final lo que importa es participar y el fútbol es así, once contra once y noventa minutos dan para mucho. Además parece que el frío ha llegado tarde pero fuerte y ahora Ana Botella en el ayuntamiento. Cuántas cosas se me quedan en el tintero, pero veo que esto está resultando ya un poco largo para ser una entrada en un blog.


Bueno, hoy me ha dado por aquí y mañana ya veremos.